El monumento dedicado al aviador Joaquín Loriga se sitúa en una de las plazas más emblemáticas del centro urbano de Lalín, levantado sobre el antiguo emplazamiento de la torre medieval que dio origen a la villa. El conjunto, obra de un lenguaje artístico moderno basado en la geometría y la simplificación de formas, se organiza sobre una base inclinada formada por grandes bloques de granito alineados, coronada por una discreta banda metálica con inscripciones en bronce. Su presencia monumental convierte este espacio en un punto de referencia dentro del paisaje urbano de la localidad. En los laterales del monumento se incorporan dos relieves que representan de forma alegórica a España y Filipinas en actitud de vuelo, unidas bajo el nombre y la imagen del aviador en recuerdo del histórico raid Madrid-Manila de 1926, realizado por Joaquín Loriga junto a Gallarza y Estévez. Frente a la cola del avión, dispuesta verticalmente sobre el suelo, se encuentra la figura del piloto, representado con casco y uniforme de trabajo, apoyando las manos sobre una hélice mientras sostiene un pergamino, elementos que refuerzan el carácter simbólico del homenaje y la dimensión humana de la hazaña. El conjunto destaca por la limpieza de líneas y la armonía de sus formas, especialmente en la silueta del avión, cuya posición sugiere una composición de gran fuerza simbólica. La disposición simétrica de los elementos aporta solemnidad y equilibrio a la obra, que rinde homenaje a una de las gestas más destacadas de la aviación española y a uno de los personajes históricos más relevantes vinculados a Lalín.
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