El Ponte Ledesma, que une las provincias de Pontevedra y A Coruña al salvar las aguas del río Ulla, es una de las construcciones civiles más emblemáticas del municipio de Vila de Cruces. Aunque se fecha su construcción en el período medieval, el puente actual fue construido entre los siglos XVI y XVII, sustituyendo probablemente a una estructura anterior. Con sus nueve arcos de sillería granítica, constituye un magnífico ejemplo de la ingeniería tradicional gallega aplicada a la comunicación entre comarcas. Hasta el siglo XIX, su uso estuvo sujeto al pago de pontazgo, un tributo común en los grandes puentes de paso.
El conjunto destaca por la armonía de sus proporciones y la solidez de su fábrica. Las bóvedas descansan sobre pilares de sillería provistos de tajamares triangulares aguas arriba y trapezoidales aguas abajo, coronados por pináculos piramidales que refuerzan su carácter monumental. Su trazado ligeramente descendente hacia los accesos, con arcos menores en los extremos, contribuye a la elegancia del perfil del puente, mientras que los pretiles y el pavimento adoquinado, añadidos en el siglo XIX, testimonian las reformas que ha experimentado a lo largo del tiempo.
Además de su valor arquitectónico, el Ponte Ledesma posee un gran interés histórico. En sus inmediaciones tuvo lugar un enfrentamiento durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), y en siglos anteriores formó parte de un Camino Real que conectaba el interior de Galicia con Santiago de Compostela, siguiendo el trazado de la antigua Vía Romana XIX. Hoy, este puente sigue siendo un símbolo del patrimonio histórico y paisajístico del valle del Ulla, integrándose de forma majestuosa en el entorno natural que comparte con las cercanas Illas de Gres.