La Torre de Cira, situada en la parroquia del mismo nombre, es una construcción de origen medieval que se alza sobre un promontorio estratégico en la confluencia de los ríos Deza y Ulla. De planta rectangular, conserva un vano ligeramente apuntado con grandes dovelas y otro adintelado con arco de descarga, mostrando la solidez y el carácter defensivo propio de las torres señoriales medievales. Rodeada en la actualidad por una finca con arbolado, la torre pertenece a una propiedad privada y no es visitable.
Tradicionalmente atribuida a Bernardo Xoán de Deza, la torre tuvo un papel relevante en los conflictos del siglo XII. El propio Bernardo fue apresado por la reina Doña Urraca, quien utilizó la fortaleza como base de operaciones en su enfrentamiento con el arzobispo Gelmírez, lo que refleja la importancia política y militar que alcanzó esta fortaleza en su época. La torre fue escenario de las tensiones entre la nobleza y el poder eclesiástico, vinculadas al control del territorio en la Galicia medieval.
Como muchas fortalezas gallegas, la torre fue destruida durante las revueltas irmandiñas de 1467. En la actualidad se conservan únicamente restos de la estructura, integrados en el paisaje rural que la rodea y evocando su antiguo carácter estratégico. A pesar de su estado, la Torre de Cira conserva un fuerte valor histórico y paisajístico, permitiendo reconocer la huella del pasado medieval en este punto estratégico del territorio.